Cada lugar tiene su orden, ritmo y encanto. Entra con respeto y honra para disfrutarlo.

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Mantente atento a las costumbres de la comunidad que te acoge, tanto como a la biodiversidad de su entorno. Invierte en guías locales confiables para explorar las áreas verdes y participar en sus eventos educativos y culturales.

Fúndete en el presente de tu experiencia. En lo posible, deja la fauna, la flora y los minerales en su lugar.

Viaja ligero y ocúpate de todos los residuos que generas. Encuentra la manera más sustentable de disponer de ellos.

Inunda el lugar de tus pensamientos más gentiles y de tus mejores intenciones. Regala sonrisas. Practica la inclusión. Mantén la curiosidad y el asombro. Estás de visita: comparte con humildad.

Minimiza tu huella de carbono. Camina, anda en bici, rema o navega a vela. Usa los recursos naturales con ecuanimidad y prudencia. Consume con preferencia alimentos de temporada cultivados o criados en el lugar.

Si estás rodeado de fauna silvestre o tienes cerca de otros lugareños o visitantes, modula el volumen de tus actividades. Escucha música con auriculares. O mejor aún: escucha la música de tu entorno.

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Deja los espacios que tú y tu grupo han utilizado igual o mejor de cómo los encontraron. Cada turista consciente deja una huella agradecida a su paso.

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Pregunta cortésmente por las necesidades del lugar. Infórmate sobre organizaciones que preservan la ecología y la cultura de ese espacio y proponte contribuir con su sostenimiento a través de tus comunicaciones o inversiones. Tu experiencia personal es invalorable.

Al retirarte, da las gracias: de palabra, en especies o en el silencio de tu corazón. De ser posible, adquiere bienes y servicios que sostengan la sustentabilidad de la economía local y evita adquirir lo que comprometa la protección de la fauna y flora local.