La Naturaleza es nuestro espejo

Entrevista a Silvia Jastram, creadora de el PSF

 
 

Silvia, tu Proyecto sin Forma ofrece contactos íntimos con la naturaleza, siendo un retiro de creatividad y consciencia. ¿Cómo articulas todo eso?

Estoy convencida de que la psique humana funciona muy bien con metáforas. La naturaleza salvaje -que se auto-gestiona sin participación humana- es un reflejo honesto de nuestra propia naturaleza interna. En un pequeño segmento de la selva encontramos miles de criaturas, plantas y minerales participando de un orden sagrado. Nada se pierde, todo se transforma, cada quien tiene su lugar. Observar atentamente esta danza de la vida,  nos permite recordar nuestra propia ecología interior. Por eso los chamanes se sirven de la naturaleza para entender y canalizar los procesos humanos. La naturaleza es nuestro gran espejo. Un recordatorio de que estamos completos. Y de eso se trata, precisamente,  la consciencia: de saber que estamos completos y que solo tenemos que soltar los velos que impiden nuestra re-conexión ontológica. Por otra parte, cuando accedemos a nuestro potencial creativo, participamos en el movimiento de la vida misma, tal como lo hace la naturaleza con sus ciclos de creación y destrucción, florecimiento y mengua. Entonces nos hacemos partícipes del mundo que deseamos crear.

¿Por qué eligieron Iguazú y de qué manera El Proyecto sin Forma impacta positivamente la ecología de Misiones?

Las cataratas de Iguazú son patrimonio de la humanidad. Los patrimonios se cuidan, se honran y se respetan. El Proyecto sin Forma no sólo opera en lugares donde la belleza de la naturaleza virgen sigue intacta, sino que también tiene claridad respecto a su misión de crear consciencia ecológica en sus participantes a través de una experiencia tangible e inolvidable. De manera indirecta, formamos gente para cuidar los tesoros que tiene nuestra asombrosa tierra.  Nuestra alimentación es vegetariana o vegana, no porque procuremos cambiar las costumbres de la gente que nos acompaña, sino porque creemos que las dietas saludables para los humanos, también lo son para el planeta. Muchas personas se sorprenden de lo rica que puede ser una semana comiendo distinto, pensando distinto, moviéndose distinto y creando proyectos nuevos. Estamos seguros de que el impacto sobre los campamentos y las poblaciones vecinas de nuestras elecciones conscientes y responsables hacia el ambiente, siempre es positivo. Agradecidos recibimos de ellos lo que solamente ellos nos pueden dar: su hospedaje, su sabiduría ancestral y su manera particular de vivir la vida adaptada a las condiciones del lugar. Lo hemos visto en Venezuela, Cataluña y Argentina,  lo veremos en Islas Canarias.

¿Crees que la gente se está abriendo a experiencias que sean más sustentables para el planeta?

Absolutamente. Cada vez es mayor el sentido de responsabilidad hacia la preservación de nuestros recursos naturales, la necesidad de generar menos desperdicios y reparar el daño que hemos hecho al planeta desde el inicio de la industrialización. Esta consciencia ecológica está permeando todas las industrias, pero es particularmente importante en la industria del turismo, pues al viajar nos convertimos en embajadores de la preservación y el cuido de nuestras bellezas naturales, de la diversidad biológica, étnica y cultural. Es cierto que nuestros viajes aún dejan su huella de carbono y que pueden sobrecargar ecosistemas vulnerables -lo cual debe ser estrictamente regulado y supervisado- pero pienso que un turismo ecológico y sustentable, permite que las poblaciones de acogida, que viven de esos ingresos,  sean garantes del resguardo y cuido de su propio ambiente.

“De manera indirecta, formamos gente para cuidar los tesoros que tiene nuestra asombrosa tierra”

Silvia Jastram

Háblame de la siembra de árboles en El Proyecto sin Forma Iguazú

Nuestra propuesta de turismo sustentable incluye un lema: dejar el lugar mejor de  lo que lo encontramos. Espero que esto no suene petulante. La idea es todo lo contrario: pedir permiso para entrar en un espacio sagrado y honrar su generosidad con espíritu de agradecimiento y apertura, sembrando relaciones armónicas con los seres con los que interactuamos y dejando un valor agregado en la naturaleza que tanto requiere de nuestra solidaridad.  En el caso de Puerto Bemberg, participamos de una resiembra de un segmento de la selva circundante que ha sido afectada por la deforestación.
Estamos totalmente convencidos de que nuestros participantes se sienten muy satisfechos de cerrar su convivencia dejando bien plantadas las semillas de sus mejores intenciones, para que sean disfrutadas por las generaciones que nos siguen.